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¿Por qué es tan complicado convertir

la ropa usada en un nuevo producto textil?

 

El martes 13 de septiembre, en el periódico holandés De Volkskrant se podía leer lo siguiente: La empresa sueca H&M, que registró una facturación de 19.000 millones de euros el año pasado, paga 500 mil euros a organizaciones independientes que quieren hacer más sostenible la industria de la confección, para compensar el lavado verde de sus productos. La cadena de tiendas de deporte Decathlon también estuvo en el punto de mira de la ACM [la Autoridad Holandesa de Consumidores y Mercados, nota de redacción] debido, entre otras cosas, a su uso del término Ecodiseño. La empresa francesa dedica 400 mil euros a organizaciones benéficas sostenibles. Se compromete además a actualizar las afirmaciones sobre la sostenibilidad en la ropa y las páginas web. Según la ACM, dichas afirmaciones no son claras ni fundamentadas”.

 

Lo anterior es una de las principales razones por las que creamos esta página de aterrizaje. Mucho de lo que se ha afirmado en los últimos años no se ha podido llevar a cabo. La gente del sector lo sabía, y es muy bueno que ahora la ACM lo haya demostrado. Y es que es tremendamente complicado fabricar ropa nueva a partir de ropa desechada. No es algo que se acostumbre a hacer al 100%, sino solo en parte, y sobre todo la ropa que ya ha sido utilizada por los consumidores prácticamente no se utiliza en este sentido. ¿Pero por qué no?

 

Para hacer ropa de buena calidad se necesita un hilo fuerte. Y para que el hilo sea fuerte, se necesitan fibras largas. Tomemos como ejemplo el algodón. Cuando el algodón acaba de salir de la planta, las diferentes fibras de algodón que componen la bola son largas. Se transforma en hilo, se tiñe y finalmente termina, por ejemplo, en forma de camiseta. Esa camiseta se usa y se lava sin cesar, y finalmente acaba en una bolsa en el contenedor de reciclaje de textiles. Como puedes imaginar, someter la tela a tanto movimiento provoca un desgaste. No solo cuando, por ejemplo, ya se pueden ver agujeros en la camiseta, sino también por la presencia de daños invisibles en las fibras. Esas fibras terminan en la desfibradora y todo se pulveriza, lo que significa que las fibras existentes se vuelven a cortar en trozos. En otras palabras, se vuelven más cortas de lo que eran.

 

Una fibra más corta es menos fuerte. Al enrollar las fibras cortas para hacer un hilo, es más probable que este hilo se rompa en comparación con el hilo elaborado a partir de fibras largas. Y un hilo que se rompe con facilidad hace que la prenda sea de menor calidad, o incluso puede quedar descartado para confeccionar prendas. Además, no todas las camisetas están hechas de hilo de la misma calidad. Ni se tratan todas de la misma manera, ni se llevan y se lavan con la misma frecuencia. Por lo tanto, la calidad de las fibras de cada camiseta es diferente.

 

Así que hay mucha investigación por hacer, muchas pruebas con diferentes materiales y composiciones de materiales, antes de poder disponer de un hilo que se pueda utilizar. El listón que nos hemos puesto, conseguir hilo 100% reciclado hecho de fibras 100% posconsumo (ropa llevada por consumidores), es por tanto prácticamente inalcanzable en estos momentos. Aun así, nos hemos puesto este listón tan alto porque confiamos que, si apuntamos alto, al menos seamos capaces de acercarnos bastante a nuestro objetivo. Si no se pone el listón tan alto, sino a una altura más segura, entonces ya sabemos que no llegaremos más arriba. Mientras que con un poco más de investigación, quizás hubiera sido posible llegar más lejos. Y esto es lo que queremos.